Nuestra Señora del Rosario
Hay oraciones que aprendimos hace tantos años que parecen formar parte de nosotros y que, con el paso del tiempo, van adquiriendo una hondura nueva, porque las mismas palabras que quizá escuchamos por primera vez de labios de nuestros padres, nuestros abuelos o de alguien que nos enseñó a rezar comienzan a llenarse de nuestros propios rostros, preocupaciones, agradecimientos, heridas y esperanzas; así sucede con el Rosario, una oración sencilla que nos acompaña en momentos muy diferentes de la vida y que nos invita a entrar, de la mano de María, en los misterios de su Hijo. R ezar el Rosario es dejarnos conducir hacia Jesús, contemplar con María su vida y descubrir que también nuestra historia puede ser mirada desde la fe, sostenida por la esperanza y confiada al amor de Dios. Mirar a Jesús con María Cada misterio del Rosario abre ante nosotros una escena del Evangelio y nos permite detener la mirada en Jesús, contemplar cómo acoge, cómo sirve, cómo ama, cómo entrega su vida y cómo...