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Mostrando entradas de agosto, 2026

¿Y tú, quién dices que soy? Una mirada consagrada a la confesión de Pedro

Lectio Divina: Mateo 16, 13-20 — La confesión de Pedro «Al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos contestaron: “Unos que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremías o uno de los profetas”» (Mt 16, 13-20). 1. Lectio Leo el texto con calma, dejando que la escena se vaya desplegando sin apresurarme a buscar lo que ya conozco. Jesús llega con sus discípulos a la región de Cesarea de Filipo y les pregunta qué dice la gente sobre él; ellos recogen las distintas opiniones que circulan, unos hablan de Juan el Bautista, otros de Elías, de Jeremías o de alguno de los profetas. Son respuestas que han escuchado, palabras que vienen de fuera, una especie de eco de lo que otros piensan acerca de Jesús. Entonces la pregunta cambia y se hace mucho más cercana: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» . Ya no pregunta por la gente, ahora se dirige a quienes llevan tiempo caminando con él, han escuchado...

Cuando Dios parece guardar silencio: una mirada consagrada a la fe de la mujer cananea

Lectio Divina: Mateo 15, 21-28 — La fe de la mujer cananea «Salió Jesús de allí y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, comenzó a gritar: “Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David; mi hija está atormentada por un demonio”» (Mt 15, 21-28). 1. Lectio Leo el texto despacio, intentando permanecer en la escena antes de buscar explicaciones. Jesús se ha retirado a la región de Tiro y Sidón, fuera del territorio de Israel, y allí aparece una mujer cananea que comienza a gritar detrás de él pidiendo ayuda para su hija. No pide para sí misma y quizá eso sea lo primero que me hace detenerme: todo lo que hace en este relato nace del sufrimiento de alguien a quien ama. Su petición es directa: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo» . Sin embargo, Jesús guarda silencio. Ese silencio incomoda incluso a los discípulos, aunque no parece que les preocupe demasiado lo que le ocurre a la mujer; lo que quieren ...

Cuando el miedo mueve las aguas. Una mirada consagrada a Jesús que sale a nuestro encuentro

Lectio Divina:  Mateo 14, 22-33 — Jesús camina sobre las aguas «En seguida obligó a los discípulos a subir a la barca y a pasar delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar...» (Mt 14, 22-33). 1. Lectio Leo el texto despacio e intento entrar en una escena en la que suceden muchas cosas antes de que Jesús aparezca caminando sobre el agua. Después de despedir a la multitud, obliga a sus discípulos a subir a la barca y los envía por delante mientras Él se queda solo; más tarde sube al monte para orar y allí permanece mientras cae la noche. Los discípulos, entretanto, están lejos de tierra y la barca es sacudida por las olas porque el viento sopla en contra. No sabemos qué pensaron durante aquellas horas ni si se preguntarían por qué Jesús los había enviado precisamente hacia una travesía que estaba resultando tan difícil, pero sí sabemos que permanecen en medio del mar hasta que, ya de madrugada, lo ven acerc...

«Dadles vosotros de comer». Una mirada consagrada a la multiplicación de los panes

Lectio Divina: Mateo 14, 13-21 — La multiplicación de los panes y los peces «Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos…» (Mt 14, 13-21). 1. Lectio Leo el texto despacio y hay algo que me llama la atención desde el comienzo: Jesús busca estar solo. Acaba de recibir la noticia de la muerte de Juan el Bautista y se retira en barca hacia un lugar apartado, quizá necesitando ese silencio que todos buscamos cuando algo nos ha golpeado por dentro, pero la multitud descubre adónde se dirige y lo sigue desde los pueblos. Cuando desembarca, encuentra a toda aquella gente esperándolo. El Evangelio no dice que Jesús ignore su propio cansancio ni que aquello que acaba de vivir deje de afectarle; simplemente nos cuenta que, al ver a la multitud, se compadece de ella . Su mirada reconoce una necesidad que está delante ...