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Resonancias: Cuando el fruto aún no se ve, pero el Espíritu ya está

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Enseñar Se dice que el Espíritu enseña todo, y es cierto: enseña con silencios, con intuiciones, con ese olfato interior que ayuda a discernir lo que alimenta y lo que no. Pero también se aprende con palabras, con contenidos, con aquellos saberes que, lejos de estorbar, afinan la sensibilidad. Hay quienes descubren a Dios en un gesto sencillo, y hay quienes necesitan primero ponerle nombre a las cosas para reconocer su sabor. A veces, para saber si algo huele a Evangelio, antes hay que haber olido muchas cosas. Y eso también se enseña. Porque el corazón, cuando se forma bien, no está reñido con la inteligencia; se afinan mutuamente. Recordar Se dice que el Espíritu recuerda lo bello, no lo que hiere. Y ojalá fuera siempre así. Pero a veces el recuerdo llega mezclado, y en él laten tanto la belleza como la ausencia. Hay recuerdos que curan y otros que reclaman. Y está bien: no todo lo que duele es ajeno a Dios. A veces el mis...

Más allá del espejo: el autoconcepto en la mirada de Dios

Últimamente me han definido de una manera que me ha herido, y eso me ha llevado a cuestionarme mi autoconcepto. Vivimos rodeados de opiniones, etiquetas y expectativas . Desde que nacemos, la mirada de los demás va moldeando la imagen que tenemos de nosotros mismos. A veces, nos reconocemos en ese reflejo; otras, nos sentimos ajenos a él. Nos preguntamos si somos lo que los demás dicen, lo que proyectamos, lo que hacemos… Pero, ¿es esa nuestra verdad más profunda? Para descubrirnos de verdad, hay una pregunta que puede cambiarlo todo: ¿Quién dice Dios que soy? Su mirada es la única que nos ve con absoluta claridad, sin distorsiones ni condiciones. En ella encontramos la respuesta que da sentido a nuestra identidad. La construcción del autoconcepto: una mirada desde la fe Hay momentos en la vida en los que sentimos la necesidad de hacer silencio y preguntarnos: " ¿Quién soy realmente? " No quién dicen los demás que somos, ni la imagen que proyectamos, sino lo que en...

Cuando el alma siente demasiado, pero no quiere dejar de hacerlo

  A veces, nos sentimos desubicados, como si camináramos a un ritmo distinto al del mundo que nos rodea. Mientras todo parece avanzar con prisa, nosotros necesitamos detenernos, saborear, contemplar. Mientras otros pasan por alto los detalles, nosotros los absorbemos con intensidad, dejando que nos habiten, que nos transformen. Parece que el resto del mundo grita cuando necesitamos silencio, que celebra lo superficial cuando lo nuestro es la hondura. En ocasiones, el peso de sentir tanto, de captar lo que otros pasan por alto, se convierte en un fardo que llevamos en el alma, sin saber muy bien dónde descargarlo. Y, sin embargo, aunque a veces pesa, sabemos que renunciar a esta forma de mirar la vida sería renunciar a una parte esencial de nosotros mismos. Tener una sensibilidad profunda es una forma de estar en la vida que nos permite ver la belleza en lo pequeño, encontrar sentido en los detalles, leer lo que no se dice con palabras. Pero también nos enfrenta a un dolor que ...