En el camino de la fe, a veces el corazón llega cansado. Hay almas que han
amado mucho y han sido poco entendidas. Miradas que lo han entregado todo y han
encontrado silencio. Y, aun así, en medio de ese cansancio, sigue viva una
verdad que no se apaga: fuimos creados para amar, no para escondernos.
Lo que hoy compartimos nace de ahí, de lo cotidiano, de ese Evangelio que
se encarna en gestos sencillos y sostiene cuando faltan las palabras, pero no
el amor. Estas líneas son para quienes sienten que caminan solos, para quienes
aman con profundidad y a veces se preguntan si merece la pena seguir así. Para
quienes han pensado en cerrar el corazón por miedo, pero todavía lo sienten
latiendo.
No te encierres por temor a no ser comprendido. Deja que tu corazón llegue
donde alguien sepa acogerlo. No se trata de que todos lo entiendan, sino de que
alguien lo valore. De que alguien sepa cuidarlo.
Hay momentos en los que uno se cansa de explicarse, de justificar lo que
siente, de defender su modo de amar. Porque va descubriendo que no todas las
verdades encuentran eco, y que hay una belleza callada en seguir amando incluso
cuando no todo es correspondido.
No nacimos para escondernos. Nacimos para vivir a fondo. Para mirar con
ternura, para tocar con respeto, para abrazar sin cálculo. El corazón humano
está hecho para intuir, para reconocer lo verdadero incluso cuando duele. Y lo
sabe. Lo recuerda aun en medio de las heridas. Porque cuando el amor nace de
Dios, no se apaga. Se transforma. Se purifica. Y sigue.
No todos sabrán mirar lo que llevas dentro. Pero eso no quiere decir que no
tenga valor. Lo que tú eres merece ser visto con hondura. Quien tenga ojos
abiertos sabrá reconocerlo. Quien ame con libertad sabrá quedarse, no porque lo
entienda todo, sino porque elige cuidar lo que ha recibido.
Aunque haya días en los que te sientas solo, no dejes de ser tú. Aunque no siempre te acojan como esperas, no apagues lo que te habita. Ese amor que llevas dentro no se fabrica, no se calcula, no se compra. Nace. Y cuando nace de verdad, se convierte en lugar de encuentro, en espacio fecundo, en regalo.
Hay algo sagrado en quienes siguen amando después de haber sido heridos.
Algo profundamente humano en quienes, lejos de cerrarse, eligen abrirse de
nuevo con más ternura, con más sabiduría, con esa esperanza que no se alimenta
de respuestas fáciles, sino de una confianza que no falla.
Porque sí, hay gestos que no se explican, palabras que no necesitan
respuesta, miradas que curan sin decir nada. Y si tú eres una de esas personas
que ama así, sin ruido, sin ataduras, desde lo hondo… entonces no cambies.
Porque lo que eres es necesario. Y aunque no todos lo sepan ver, hay corazones
que lo están esperando.
@pasbiopal

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