Acompañar en el sufrimiento. Introducción
Acompañar en el sufrimiento de nuestros hermanos, que pasan por el valle del dolor, de la enfermedad, de la soledad, de la muerte, es una de las obras de misericordia más hermosas que estamos llamados a realizar. El misterio del sufrimiento nos revela la ontológica debilidad de nuestra condición humana, pero también el profundo anhelo que brota de nuestro corazón para acercarnos a nuestros hermanos que sufren y, así, compartirlo y aliviarlo. El amor de Dios nos impulsa a salir de nosotros mismos y a dar nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestra vida, a los que más nos necesitan: los enfermos, los ancianos, los dependientes, las periferias de la sociedad. Ese amor, que es Dios mismo, nos lleva a ir en búsqueda del que sufre para acompañarlo en su mismo sufrimiento, derramando sobre su corazón desgarrado el suave bálsamo del amor de Dios, ese consuelo divino del que Cristo –Médico de cuerpos y almas– nos hace mensajeros y colaboradores. El Dicasterio para el Servicio del Desarr...