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“Cultura de la racionalidad”

Ante la diversidad de contenidos que definen la vida humana, caben dos opciones; el escepticismo que pone en duda toda convicción humana, concluye en el relativismo e invita a privatizar la verdad; o la pregunta por la posibilidad de una verdad válida donde toda subjetividad coincida. Husserl, por ejemplo, opta por esta segunda opción y pretende mostrar que la posibilidad de una metafísica es verdadera; la metafísica como pretensión de alcanzar la verdad radical que sustente la autenticidad humana con certeza y como condición de posibilidad de constitución de la comunidad humana.

Con la irrupción de la filosofía emerge una forma de ver el mundo basada en la razón, en una razón ingenuamente objetivista, cosificada, por eso asistimos con ello al nacimiento de la “cultura de la racionalidad”, que sería, al decir de Husserl, un nuevo nivel de historicidad en la vida humana; pero el hombre actual ha perdido la fe en aquello que la caracteriza como tal y que supone la condición de posibilidad de una humanidad plena: la razón.

La pérdida de la fe en la razón, por parte del hombre, supone la perdida de la fe en sí mismo, lo que lleva al hombre a seguir buscando su propia verdad, pero no se puede llegar a ella sin tener en cuenta la veritas, el pasado se convierte en la “norma” desde la que evaluar la aletheia, para poder trabajar la emunah. No nos encontramos, ante un pensamiento relativista o historicista, sino ante un pensamiento en el que no todas las lógicas, no todas las concepciones de la verdad, son iguales, dependen del espacio y del tiempo en la que ha vivido cada ser; si bien, tiene que haber algo universal.

No podemos renunciar a un conocimiento universal, una forma de salir de la anterior crisis podría ser volver a hacer una apuesta por restaurar la fe en la razón, ya que la racionalidad como tal no es perjudicial, pero siempre teniendo en cuenta que lo importante no es una razón impuesta a la fuerza; sino que lo importante es la fuerza de la razón.


Norka C. Risso Espinoza

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