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Responsabilidad en Pastoral de la salud

 
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Antes de empezar resumiría esto en que actuar con responsabilidad es procurar hacer el bien a los demás, sobre todo en los contextos más vulnerables; y… ¿quiénes son los más vulnerables? 

He aprendido, mejor dicho voy aprendiendo, (y me queda mucho por aprender), que hablar de responsabilidad no es quedarnos en las reflexiones teóricas que nos indican lo que debemos hacer, sino llegar al corazón, y hablar desde el sentimiento, desde lo que nos toca por dentro (desde la práctica directa): creo que es aquí donde, desde la pastoral, se hace hincapié en trabajar nuestra “humanidad”, desde el corazón, desde el amor, desde la ternura...

Cuando pensaba cómo compartir mi reflexión empecé a escribir sobre mi misión como agente de pastoral, pero, no puedo hablar de responsabilidad si sólo hablo de mi papel de agente de pastoral y mi relación con otras disciplinas, tengo que hablar de ‘pastoral de la salud’, y allí integrarme, porque, desde mi punto de vista, ser agente de pastoral es una misión eclesial, y como tal no es individual.

Sí puedo decir, que la presencia responsable de la pastoral de la salud en el mundo del dolor no se queda sólo en el acompañamiento, no se trata sólo de «ser para los demás», sino que está abierta también a una lucha profética en contra de las injusticias sanitarias, a dar importancia en la clínica al papel de los sentimientos, a aportar los dones del espíritu como herramienta de deliberación en el análisis de los problemas morales de la medicina.

Desde la Pastoral de la salud lo que se pretende es responder a cómo reivindicar la importancia al ‘tú’ al igual que nos lo encontramos en los textos bíblicos; se trata de ayudar a dar sentido a la vida, en definitiva lo que intentamos en nuestro servicio para que sea responsable es, por llamarlo de alguna forma, buscar la moral del encuentro.
Hablar de responsabilidad tiene sentido si desde el encuentro, desde la comunión entre todos los seres humanos, vivimos desde: una existencia proyectada fuera de nosotros para ofrecer a la persona vulnerable esa cercanía afectuosa, esa ayuda concreta y todos esos servicios cotidianos de los que tiene necesidad, en una misión acompañada de la caridad, logrando una humanidad en la que reinen la verdad, la justicia, la libertad y el amor, pilares fundamentales e insustituibles de una verdadera convivencia.

A través del encuentro y de la comunión entre los hermanos que sufren (creyentes y/o no creyentes) se transforma nuestra sociedad, es cuando podemos hablar de responsabilidad, porque remueve los corazones de los hombres y mujeres que desde el servicio (diakonía) quieren llegar a toda la humanidad para paliar el sufrimiento, para ‘curar y cuidar’ al enfermo, en una apuesta por la vida, incluso el final de la vida, para que ésta se viva en plenitud.

Creo que esto es el fundamento de la responsabilidad y en esto debe consistir nuestra entrega al necesitado: acoger, cuidar, mimar y comprometernos con el hombre. La responsabilidad implica la hospitalidad y la acogida a quien lo necesite.

Con todo lo dicho, mi forma personal de entender la responsabilidad, es ‘responder al amor de quien nos amó primero’.

Norka C. Risso Espinoza

 
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