Carla dice que le roban la memoria, ella intenta recordar pero por momentos se inquieta mucho y comenta que le «han robado la memoria», quién será “el afortunado” que es capaz de entrar en su mundo, en sus sueños y grabarse para sí los datos que Carla va perdiendo, o por lo menos eso parece, porque a ciencia cierta, realmente no sabemos si le han robado la memoria (como ella dice) o la tiene tan guardada que ni ella la encuentra. Sin embargo, en alguna ocasión da algunos datos de esa memoria, ¿será que la encontrado? nos preguntamos, pero no, si intentamos saber algo más, no recibimos respuestas a nuestras preguntas, en todo caso repite aquello que ha recordado, como queriendo asegurarse que esos datos nos lleguen y seamos nosotros quienes los guardemos.
En el camino de la fe, a veces el corazón llega cansado. Hay almas que han amado mucho y han sido poco entendidas. Miradas que lo han entregado todo y han encontrado silencio. Y, aun así, en medio de ese cansancio, sigue viva una verdad que no se apaga: fuimos creados para amar, no para escondernos. Lo que hoy compartimos nace de ahí, de lo cotidiano, de ese Evangelio que se encarna en gestos sencillos y sostiene cuando faltan las palabras, pero no el amor. Estas líneas son para quienes sienten que caminan solos, para quienes aman con profundidad y a veces se preguntan si merece la pena seguir así. Para quienes han pensado en cerrar el corazón por miedo, pero todavía lo sienten latiendo. No te encierres por temor a no ser comprendido. Deja que tu corazón llegue donde alguien sepa acogerlo. No se trata de que todos lo entiendan, sino de que alguien lo valore. De que alguien sepa cuidarlo. Hay momentos en los que uno se cansa de explicarse, de justificar lo que siente, de def...

Comentarios
Publicar un comentario