Ir al contenido principal

El simple deseo de Dios

Es variado y abundante el material que va llegando a mis manos y también el que voy elaborando, que me gustaría compartir con vosotros, pero los días van pasando, las hojas y libros se van acumulando en el escritorio, y… no hay tiempo… lo que me llega por las redes sociales, o lo que preparo es más fácil compartirlo; pero cuando al leer (todavía soy de las que me gusta leer en papel…) me encuentro con textos que creo valen para este blog, la cosa se complica,… en fin, intentaré seguir aportando mi granito de arena, y aprovecho para agradecer lo que me enviáis.

Esta vez se trata de una oración:

En lo profundo de la condición humana reposa la espera de una presencia, el silencioso deseo de una comunión. 

¿Surgirá una duda? El deseo de Dios no se desvanece por eso. Cuatro siglos después de Cristo, un creyente, San Agustín, escribía su certeza: Si túdeseas conocer a Dios, ya tienes la fe.

No son los grandes conocimientos lo que importa al principio. Éstos serán muy importantes. Sin embargo, es con el corazón, con lo profundo de sí mismo, como el ser humano comienza a comprender el Misterio de la Fe. Una vida interior se elabora paso a paso.

Entonces, la fe, la confianza en Dios aparece como una realidad muy sencilla, tan sencilla que todos podrían acogerla. Es como un impulso de confianza que se vuelve a tomar mil veces a lo largo de la existencia, hasta el último respiro.

Taizé. Confianza sobre la tierra, p. 6


Pues, ojala este texto te sea útil, en este momento que estás viviendo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Resonancias: Cuando el fruto aún no se ve, pero el Espíritu ya está

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Enseñar Se dice que el Espíritu enseña todo, y es cierto: enseña con silencios, con intuiciones, con ese olfato interior que ayuda a discernir lo que alimenta y lo que no. Pero también se aprende con palabras, con contenidos, con aquellos saberes que, lejos de estorbar, afinan la sensibilidad. Hay quienes descubren a Dios en un gesto sencillo, y hay quienes necesitan primero ponerle nombre a las cosas para reconocer su sabor. A veces, para saber si algo huele a Evangelio, antes hay que haber olido muchas cosas. Y eso también se enseña. Porque el corazón, cuando se forma bien, no está reñido con la inteligencia; se afinan mutuamente. Recordar Se dice que el Espíritu recuerda lo bello, no lo que hiere. Y ojalá fuera siempre así. Pero a veces el recuerdo llega mezclado, y en él laten tanto la belleza como la ausencia. Hay recuerdos que curan y otros que reclaman. Y está bien: no todo lo que duele es ajeno a Dios. A veces el mis...

La verdad que sana y la que hiere: cuando corregir no es amar

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: La corrección fraterna es un arte, una entrega del alma que nace del amor incondicional y del profundo deseo de ver crecer al otro, se trata de descentrarse. Es luz en medio de la sombra, un gesto de ternura que se ofrece sin esperar nada a cambio, solo con la intención de ayudar a pulir las imperfecciones que nos impiden brillar con nuestra verdadera esencia. Es un acto de auténtica fraternidad, un lazo que respeta la dignidad de cada ser humano y le recuerda que su valor no está en sus aciertos o errores, sino en su ser. A veces, sin embargo, la verdad que se nos dice no nos libera, sino que nos aplasta. No porque la verdad sea dura en sí misma, sino porque la manera en que se nos entrega no busca sanar, sino someter. La diferencia entre una corrección fraterna y un juicio disfrazado de ayuda no está en las palabras exactas que se usan, sino en el corazón desde el que brotan o incluso desde el enfado desde el que brotan. La ...

Habitar la herida sin dejar de amar

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Hay momentos en los que el alma ha sido herida, y levantar barreras parecería la opción más sencilla. Tomar distancia, argumentar desde la razón, esconder lo vulnerable bajo una apariencia de firmeza. Sin embargo, hay quien, aun herido, escoge un camino distinto. Desea responder desde la fidelidad a Dios, sin negar lo que duele, pero sin dejar que ese dolor determine su forma de amar. Esa elección no protege ni adormece. No grita, pero tampoco silencia lo injusto. No señala con dureza, pero tampoco borra las huellas del daño. Amar desde ahí no es un ejercicio sentimental, es una forma de verdad. Una manera de permanecer sin traicionarse, de decir lo necesario sin aplastar, de ofrecer cuidado sin disfrazar el conflicto. No se trata de fingir calma ni de negar lo que se sufre, sino de dejar que el amor se convierta en raíz y no en respuesta. Solo desde ese lugar profundo, donde Dios permanece, puede sostenerse una fidelidad así. ...