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Bioética, Cuidados Paliativos y Pastoral de la Salud Reflejo de la Trinidad en el Final de la Vida


«Bioética, Cuidados Paliativos y Pastoral de la Salud reflejo de la Trinidad en el final de la vida». Mi intención es integrar las tres perspectivas en el enfermo que se encuentra al final de la vida; dejando claro que los tres planos de acercamiento son distintos pero tienen un punto en común, la persona a la que van dirigidas, el enfermo, un ser vulnerable[1]. Aunque el hecho de utilizarlos dentro del tema trinitario lo hago de forma un poco genérica, creo que es importante mostrar que en determinadas fases de la vida se pueden hilvanar.

Los pasos, como he dicho, los iré dando desde la Bioética, desde los Cuidados Paliativos y desde la Pastoral de la Salud, avanzando por un camino que en ocasiones puede ser pedregoso, ya que se trata de caminar en torno al final de la vida, etapa en la que se suele pasar por grandes dosis de sufrimiento, con temas que en ocasiones puede hacernos daño, porque en nuestra sociedad no estamos acostumbrados a afrontar un conjunto de circunstancias que suelen rodear al ser humano en este tramo de la vida, como pueden ser la vulnerabilidad, la fragilidad, la pequeñez,… del ser humano.

Las huellas que van dejando estas tres disciplinas son como un ‘reflejo de la trinidad’, que confluyen en un mismo fin: encender una luz de esperanza, que nos ayude a irradiar el amor hacia el ser humano, con el objetivo no sólo de curar, sino también de cuidar, y de hacerlo de una forma holística.

Puede parecer muy atrevido hablar de ‘reflejo de la trinidad’, pero, parto de la base de que todo lo que conlleva ‘curar-cuidar’ el final de la vida, se hace desde el amor, un amor que brota de cada ser humano hacia el prójimo, por el hecho de ser prójimo, y eso es precisamente lo que se va intentando realizar desde este trinomio.

La Bioética, los Cuidados Paliativos y la Pastoral de la Salud están íntimamente unidas en su ser y en su actuar, las tres se encuentran con el ser humano que padece dolor y sufre, de ahí que esta coincidencia haga que sus cometidos, su búsqueda de posibilidades ante los dilemas que puedan surgir, se puedan iluminar y completar mutuamente, en una comunión intratrinitaria, por lo que también el fin a conseguir les une, desde el amor, alivio del sufrimiento de la persona, en este caso, diríamos que se complementan para conseguir el alivio de la persona que está ante el proceso de la muerte.

En la comunión trinitaria se asume la categoría de “otro”[2] tal como la propone M. Lévinas, que implicaría pensar, por ejemplo, en el respeto a la autonomía que posee cualquier ser humano. El otro nos hace experimentar una diferencia entre él y yo mismo, lo cual implicaría reconocerle como otro, y nuestra actuación consistiría en proteger su propia dignidad e integridad como persona. Este otro es como una llamada que nos viene de lejos y nos inquieta, nos invita a salir de nosotros mismos para darnos aunque sólo sea por justicia ética.


[1] J. L. MANZANO, «Limitación de tratamiento a los pacientes críticos». Medicina Clínica: Vol. 102, (1994), 540-542.
[2] M. DIEZ CUESTA, Introducción al pensamiento de Emmanuel Levinas, Instituto Emmanuel Mounier, Madrid 1992, 19-23.


Norka C. Risso Espinoza

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