Ir al contenido principal

Acudir al desierto

Ups!! Acudir al desierto…, surge temor, no es fácil, si la mayoría de las veces intento huir de esa aridez, porque la desnudez, la vulnerabilidad, duelen; y ahora se me invitas a acudir … y descubrir que también en el desierto hay positividad, despojarme de lo superfluo, hay silencio, soledad para encontrarme contigo. Tan afanada en querer huir del desierto, ¡qué pocas veces te he dado oportunidad en mis desiertos! Las veces que he llegado al desierto han sido porque no he encontrado otro camino, y no he sabido encontrar la gracia en estos momentos, lo he vivido con resignación pero con las ganas de cruzar cuanto antes al otro lado del río; y ahora, descubrir la paradoja de sentarme para escucharte, para ver, oír y mirar, para ver a tantos en la misma situación, con la necesidad de ser “bautizados”.


Escuchar a Juan que viene con un mensaje que también va dirigido para mí, ¿cuáles son los montes que hay que abajar, y los valles que hay que elevar? Probablemente abajar el orgullo del ‘yo sola puedo’ y elevar los valles del amor para con el prójimo, con la familia, con los amigos, con la gente que está a mi alrededor.

Palabras dirigidas a mí, que me invitan a cambiar y me dicen ¡prepárate!; y volver, y a solas contigo Señor, seguir con mis miedos:

«Señor, agotada del camino vuelvo a ti
noche tras noche, día tras día,
pero vuelvo con las manos vacías, desnuda,
y con el alma cargada de tantas emociones, sí, emociones,
positivas y negativas, pero emociones…
Desconozco qué estoy haciendo de mí,
desconozco que estás haciendo conmigo,
sólo se escuchar y acoger, compartiendo tu amor.
Dios mío, hay tanto sufrimiento,
hay tanto miedo, tanta soledad,
estamos en un mundo que necesita AMOR.
Y sigo buscando respuestas,
¿por qué me has mirado? ¿qué deseas de mí? ¿cuál es mi misión?
 me siento tan inútil, tan diferente, tan rara,
y sólo puedo acoger a esos mis hermanos y agradecerles
porque me regalan el don de su vida
una vida difícil, complicada, pero un don.
Necesito respirar pausadamente,
calmar mi interior acelerado,
abrirte el corazón y depositar en ti todo lo que me han donado,
pero nada es mío, mis manos siguen vacías
¿por qué depositan en mí sus pequeños tesoros?
surge el miedo, el yo no puedo,
y Tú me extiendes tu mano,
de mí sólo brotan dos palabras gracias y hágase».

Aunque muchas veces no comprenda, seguir pidiendo un corazón nuevo e ir sin prisas.


Norka C. Risso Espinoza

Comentarios

  1. ESTIMADA NORKA:

    ¡BEUNAS TARDES Y FELIZ JORNADA! Esta tarde que he tenido tiempo, he ojeado tu Blog, y me han encantado tus mejoras. Eres una buena Agente de Pastoral que comunicas la Buena Noticia y la Esperanza a través de tu Blog. También te diré que he empleado parte de una oración tuya en el Video-Forum del Centro Loyola. Ahora que nos estamos preparando para el nacimiento de Jesús, tú eres una estrella que nos guía hasta él. ¡MUCHAS GRACIAS Y FELICIDADES! UN FUERTE ABRAZO:
    IÑAKI MARDONES (COLEGA AGENTE DE PASTORAL)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Resonancias: Cuando el fruto aún no se ve, pero el Espíritu ya está

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Enseñar Se dice que el Espíritu enseña todo, y es cierto: enseña con silencios, con intuiciones, con ese olfato interior que ayuda a discernir lo que alimenta y lo que no. Pero también se aprende con palabras, con contenidos, con aquellos saberes que, lejos de estorbar, afinan la sensibilidad. Hay quienes descubren a Dios en un gesto sencillo, y hay quienes necesitan primero ponerle nombre a las cosas para reconocer su sabor. A veces, para saber si algo huele a Evangelio, antes hay que haber olido muchas cosas. Y eso también se enseña. Porque el corazón, cuando se forma bien, no está reñido con la inteligencia; se afinan mutuamente. Recordar Se dice que el Espíritu recuerda lo bello, no lo que hiere. Y ojalá fuera siempre así. Pero a veces el recuerdo llega mezclado, y en él laten tanto la belleza como la ausencia. Hay recuerdos que curan y otros que reclaman. Y está bien: no todo lo que duele es ajeno a Dios. A veces el mis...

Perfeccionismo: un camino hacia la plenitud del Amor

  En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: La perfección es una llamada, una invitación, una forma de amar y no necesariamente una carga. Parafraseando a Juan Ciudad, es el profundo deseo de ‘hacer bien el bien’, es decir, de dar lo mejor de uno mismo, de entregarse sin reservas en cada detalle, en cada gesto, en cada obra. Y si lo pensamos, es el impulso que ha llevado al ser humano a las cumbres del arte, la ciencia, la música, el deporte, la espiritualidad. ¿Acaso la belleza no es perfección? ¿Acaso las grandes obras maestras no son el fruto de un alma que se ha dejado consumir por la pasión de hacer algo excelente? ¿Acaso la música no alcanza su esplendor en la precisión con la que cada nota encuentra su lugar? ¿Acaso la arquitectura no se convierte en un puente entre el cielo y la tierra cuando cada línea, cada medida, cada cálculo es exacto? Es amor en su máxima expresión, por tanto, no necesariamente está relacionado con frialdad ni con obsesión. Es la ple...

Habitar la herida sin dejar de amar

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Hay momentos en los que el alma ha sido herida, y levantar barreras parecería la opción más sencilla. Tomar distancia, argumentar desde la razón, esconder lo vulnerable bajo una apariencia de firmeza. Sin embargo, hay quien, aun herido, escoge un camino distinto. Desea responder desde la fidelidad a Dios, sin negar lo que duele, pero sin dejar que ese dolor determine su forma de amar. Esa elección no protege ni adormece. No grita, pero tampoco silencia lo injusto. No señala con dureza, pero tampoco borra las huellas del daño. Amar desde ahí no es un ejercicio sentimental, es una forma de verdad. Una manera de permanecer sin traicionarse, de decir lo necesario sin aplastar, de ofrecer cuidado sin disfrazar el conflicto. No se trata de fingir calma ni de negar lo que se sufre, sino de dejar que el amor se convierta en raíz y no en respuesta. Solo desde ese lugar profundo, donde Dios permanece, puede sostenerse una fidelidad así. ...