Existen libros muy completos sobre el dolor y el sufrimiento; este breve ensayo quiere incitar a la acción cuando se sufre, como una oportunidad de liberación interior haciendo bueno el ‘si quiero, puedo’. Pretende ayudar al lector, aunque solo sea a uno solo, ofreciéndole un poco de luz para que vea la realidad con los ojos de la alegría de vivir a pesar de todos los pesares. Muchas biografías y la experiencia de cada día nos demuestran que esto es posible, que no es exclusivo de héroes sino que está al alcance de todos siguiendo el camino adecuado.
En el camino de la fe, a veces el corazón llega cansado. Hay almas que han amado mucho y han sido poco entendidas. Miradas que lo han entregado todo y han encontrado silencio. Y, aun así, en medio de ese cansancio, sigue viva una verdad que no se apaga: fuimos creados para amar, no para escondernos. Lo que hoy compartimos nace de ahí, de lo cotidiano, de ese Evangelio que se encarna en gestos sencillos y sostiene cuando faltan las palabras, pero no el amor. Estas líneas son para quienes sienten que caminan solos, para quienes aman con profundidad y a veces se preguntan si merece la pena seguir así. Para quienes han pensado en cerrar el corazón por miedo, pero todavía lo sienten latiendo. No te encierres por temor a no ser comprendido. Deja que tu corazón llegue donde alguien sepa acogerlo. No se trata de que todos lo entiendan, sino de que alguien lo valore. De que alguien sepa cuidarlo. Hay momentos en los que uno se cansa de explicarse, de justificar lo que siente, de def...

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