Ir al contenido principal

El prisionero de la caverna

Para Platón existen dos mundos: el mundo sensible o aparente (mundo representado por la cueva y la oscuridad) y el mundo de las ideas o verdadero que es inteligible (fuera de la caverna, donde brilla el sol).

Cada elemento que aparece en este mito tiene un significado especial:
  • La caverna platónica: puede simbolizar el mundo aparente, material fenoménico y también podríamos decir virtual. Puede simbolizar nuestra época, donde sólo vemos las sombras de las cosas y no tenemos muy claro qué son. Esto lo vemos en el hecho de que la caverna es oscura. Las cadenas nos unen a la caverna. Nuestra ignorancia, comodidad etc. nos imposibilita salir de la caverna, de esta falsa realidad.

  • Las cadenas: pueden simbolizar el miedo, la comodidad, el hedonismo, la ignorancia, etc. del hombre postmoderno que está “atado” o sujeto a una realidad falsa y a un mundo fenoménico. Representan ese impedimento para salir del mundo aparente.

  • Los prisioneros: pueden representar al hombre postmoderno, a nosotros mismos que muchas veces nos “encadenamos” a una realidad fenoménica. Somos “esclavos”, por ejemplo de la publicidad, del consumismo, de la corporeidad, etc.

  • Las sombras: pueden simbolizar lo que podemos ver, y en muchos casos queremos ver, aunque no sean verdades sino apariencias. El hombre postmoderno prefiere ver sombras, porque éstas no implican una reflexión. El hombre postmoderno prefiere lo fácil y cómodo aunque no sea lo importante o lo trascendente.

  • La ceguera: puede simbolizar el dolor, la dificultad, y la confusión que implica para el esclavo enterarse de que existe un mundo real por conocer y que vivía en sombras y penumbras. El hombre está tan acostumbrado a ver las sombras de los objetos, que ver los objetos le provoca molestia, dolor, etc. El hombre postmoderno está acostumbrado a ver sólo lo material, lo fenoménico, empírico y funcional en las cosas y no quiere ver la profundidad de las cosas.

  • La salida: puede simbolizar la liberación del hombre (filosofía: liberación, búsqueda de la verdad), el paso de éste al mundo inteligible donde se ve la luz del sol, la claridad, la verdad. El sendero que el hombre recorre para salir es empinado y representa la dificultad que trae el “enterarse” de la existencia de otra realidad, de la verdadera. La luz del sol es la causa, el principio. Cuando el hombre logra finalmente ver las cosas bajo la luz del sol sin encandilarse empieza a admirarse de éstas. Al sentir admiración por algo el hombre comienza a reflexionar, a querer conocer, a buscar la verdad. Eros nos impulsa a que a pesar de la dificultad, subamos la cuesta y representa el coraje, el deseo de ver la realidad, trascender y conquistar la realidad.

  • El regreso: cuando el hombre ve la verdadera realidad y se da cuenta que vivía en un engaño, decide advertir a sus compañeros que todavía viven en esta falsedad y entre las penumbras. Cuando les advierte sobre la situación, éstos lo rechazan, se burlan de él, lo tratan de loco y lo apartan de ellos. El motivo de este comportamiento reside en que, como ya hemos dicho, el hombre postmoderno busca la comodidad, la facilidad aunque el resultado no sea más que apariencias y mentiras. El hombre postmoderno rechaza y discrimina a quien piensa distinto a él y cree que tiene la verdad absoluta de las cosas, cuando en realidad le queda toda la verdad, que es inagotable, por conocer y descubrir.
Cabe aclarar que Platón enseña por este mito a su discípulo la vida de un filósofo, y le pone el ejemplo de su maestro Sócrates que fue muerto a causa de su pensamiento, de sus ideales, e incluso de su forma de vida y recibió un juicio injusto donde se defendió con la verdad. Platón guarda cierto rencor a la sociedad por esto y escribe la “Apología de Sócrates” donde reproduce el juicio, las acusaciones y sobretodo la defensa y enseñanza de Sócrates a la sociedad que lo discriminó por pensar distinto.

Personalmente pienso que tenemos la filosofía para liberarnos de las “cadenas”, para poder ver la realidad completa y para poder trascender. Todos somos capaces de hacer filosofía y si no lo hacemos es por nuestra comodidad, nuestros miedos, nuestro conformismo, etc.

Las cosas tienen dos dimensiones: la superficial o aparente y la profunda. La Filosofía se encarga de buscar la profundidad, la causa primera, y la raíz de las cosas. Pienso que la Filosofía nos invita a mirar “más allá”, a cuestionarnos sobre la realidad y buscar la esencia de las cosas.

La filosofía está para desvelar la realidad, conocerla, también para encontrar el verdadero sentido de las cosas. Hacer filosofía es ver la realidad completa. Pero lo que está claro es que no hay Filosofía sin hombre que piense, que se cuestione. La función de ese hombre es transmitir la verdad, reflexionar, contemplar la realidad…


Norka C. Risso Espinoza

Comentarios

Entradas populares de este blog

No escondas tu corazón: nació para amar

  En el camino de la fe, a veces el corazón llega cansado. Hay almas que han amado mucho y han sido poco entendidas. Miradas que lo han entregado todo y han encontrado silencio. Y, aun así, en medio de ese cansancio, sigue viva una verdad que no se apaga: fuimos creados para amar, no para escondernos. Lo que hoy compartimos nace de ahí, de lo cotidiano, de ese Evangelio que se encarna en gestos sencillos y sostiene cuando faltan las palabras, pero no el amor. Estas líneas son para quienes sienten que caminan solos, para quienes aman con profundidad y a veces se preguntan si merece la pena seguir así. Para quienes han pensado en cerrar el corazón por miedo, pero todavía lo sienten latiendo. No te encierres por temor a no ser comprendido. Deja que tu corazón llegue donde alguien sepa acogerlo. No se trata de que todos lo entiendan, sino de que alguien lo valore. De que alguien sepa cuidarlo. Hay momentos en los que uno se cansa de explicarse, de justificar lo que siente, de def...

Resonancias: Cuando el fruto aún no se ve, pero el Espíritu ya está

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Enseñar Se dice que el Espíritu enseña todo, y es cierto: enseña con silencios, con intuiciones, con ese olfato interior que ayuda a discernir lo que alimenta y lo que no. Pero también se aprende con palabras, con contenidos, con aquellos saberes que, lejos de estorbar, afinan la sensibilidad. Hay quienes descubren a Dios en un gesto sencillo, y hay quienes necesitan primero ponerle nombre a las cosas para reconocer su sabor. A veces, para saber si algo huele a Evangelio, antes hay que haber olido muchas cosas. Y eso también se enseña. Porque el corazón, cuando se forma bien, no está reñido con la inteligencia; se afinan mutuamente. Recordar Se dice que el Espíritu recuerda lo bello, no lo que hiere. Y ojalá fuera siempre así. Pero a veces el recuerdo llega mezclado, y en él laten tanto la belleza como la ausencia. Hay recuerdos que curan y otros que reclaman. Y está bien: no todo lo que duele es ajeno a Dios. A veces el mis...

Lo que duele no es la palabra sino la mirada

  Hay palabras que no duelen por su literalidad, sino porque encierran miradas que reducen. Y al recordarlas, ya no son algo difuso que remueve por dentro, sino una conciencia clara de que esas miradas hacen daño. Al nombrarlas, el alma las reconoce… y sangra un poco. Es el precio de la lucidez: ver con claridad lo que ya no encaja, lo que antes se justificaba y ahora se sabe que toca injustamente. Duele, no por querer enfrentamientos, sino porque hay que poner límites donde antes se quiso cuidar, acompañar, entender. Duele la distancia emocional, duele la descompensación, duele ver que, por más que se midan las palabras, el otro sigue mirando con dureza. Cada vez que se recibe una palabra así, el corazón la siente con toda su densidad, no solo por lo que se escucha, sino por lo que significa en la historia compartida. @pasbiopal