Ir al contenido principal

Un año nuevo, un horizonte nuevo: vivir la esperanza

 


¡Feliz Año 2025, Año del Jubileo de la Esperanza!

Comenzamos un nuevo año cargado de promesas, un tiempo para mirar al futuro con ilusión y abrazar el presente como un don de Dios. Todo lo que hemos vivido, con sus alegrías y aprendizajes, nos impulsa hacia un 2025 lleno de posibilidades.

Este momento, en el que dejamos atrás un año y nos preparamos para abrazar uno nuevo, nos invita a detenernos. No para quedarnos atrapados en el pasado, sino para mirar todo lo vivido con gratitud: lo bueno, lo difícil, lo inesperado. Dios nos ha acompañado en cada paso, sosteniéndonos aun cuando quizás no lo percibíamos, y en su amor infinito, nos sigue impulsando hacia adelante.

"Dad gracias en toda circunstancia, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús" (1 Tesalonicenses 5, 18).

  • Que la gratitud sea la llave para abrir nuevas puertas.
  • Que la esperanza nos impulse a soñar sin límites.
  • Que la alegría y el amor guíen cada uno de nuestros pasos.
  • Que la confianza en Dios nos dé serenidad para caminar con firmeza.

La vida no siempre transcurre como la planeamos. A veces el dolor, la incertidumbre o el cansancio intentan instalarse como compañeros de camino. Pero incluso en esos momentos, hay una certeza que nos define como cristianos: la esperanza de que Dios transforma cada situación, incluso las más difíciles, en un terreno fértil para la vida y el amor.

"Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman, de los que han sido llamados según su designio" (Romanos 8, 28).

La Iglesia nos invita este 2025 a vivir un Jubileo de la Esperanza, y lo hace desde una experiencia concreta: la vida tiene sentido porque está en manos de un Dios que nos ama apasionadamente. La esperanza que celebramos no es esperar que las cosas simplemente cambien, sino abrirnos a la certeza de que Dios ya está obrando, incluso en las sombras.

En este inicio de año, podemos proponernos algo más que una lista de propósitos o deseos. Pensemos en nuestra vida como peregrinos que han llegado a un cruce de caminos. ¿Qué peso traemos en nuestra mochila? Quizás hay heridas sin cerrar, sueños que parecen lejanos o relaciones que necesitan un nuevo aire. Pero también hay mucho que agradecer: momentos de amor, instantes de belleza y pequeñas grandes victorias que nos hablan de la fidelidad de Dios.

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré" (Mateo 11, 28).

El Jubileo es una invitación a dejar atrás lo que pesa y mirar hacia lo que edifica, que ilumine cada decisión, cada encuentro, cada sueño. Es tiempo de construir desde el amor, de vivir con plenitud y de compartir la luz que hemos recibido.

Este Jubileo nos llama a caminar con los pies en la tierra y el corazón anclado en el cielo. No se trata solo de mirar lo que viene con optimismo, sino de comprometernos a ser sembradores de esperanza. ¿Cómo? Viviendo con autenticidad, regalando tiempo a quienes lo necesitan, escuchando con el corazón y llevando la paz allí donde haya ruido. La esperanza no es solo un regalo que recibimos; es una tarea que compartimos.

"Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder" (Mateo 5, 14).

Y si nos cuestionamos: ¿qué signo de esperanza podemos ser en este 2025? Tal vez en nuestra familia, que necesita una palabra de reconciliación; en nuestro trabajo, donde el cansancio a veces ahoga la alegría; o en nuestra comunidad, que anhela personas que lleven luz, que inspiren. No tenemos que cambiar el mundo entero, pero sí el pequeño mundo que habitamos cada día.

Dejemos que este año sea una oportunidad para crecer en lo esencial. Aprendamos a mirar con ojos nuevos las mismas cosas de siempre, porque allí también está Dios. Atrevámonos a soltar aquello que ya no construye y a abrazar lo que da vida. Hagamos silencio, escuchemos, contemplemos, porque solo desde ahí brota una esperanza verdadera, que no depende de las circunstancias, sino del Amor que nos sostiene.

"He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (Juan 10, 10).

Que este 2025 sea un año lleno de bendiciones, momentos significativos y encuentros que transformen. Este puede ser un año de renacimiento, de reencontrarnos con nuestra esencia y nuestra misión. No caminamos solos; somos parte de un cuerpo que sueña con un mundo donde el amor sea el lenguaje común.

Atrevámonos a ser esa chispa que encienda la esperanza en quienes nos rodean. Y cuando el camino se haga difícil, recordemos: no hay noche que no termine en aurora.

Con esta certeza, crucemos juntos el umbral de este nuevo año con gratitud por lo vivido y confianza en lo que está por venir. Dios ya está en el futuro esperándonos con los brazos abiertos.

"Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28, 20).

Que Cristo sea la luz que guíe cada paso, y que este 2025 sea el año en el que tú y yo también nos convirtamos en un signo vivo de la esperanza que no defrauda.

Con todo mi cariño y oración

¡Feliz Año Nuevo!

@pasbiopal

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Resonancias: Cuando el fruto aún no se ve, pero el Espíritu ya está

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Enseñar Se dice que el Espíritu enseña todo, y es cierto: enseña con silencios, con intuiciones, con ese olfato interior que ayuda a discernir lo que alimenta y lo que no. Pero también se aprende con palabras, con contenidos, con aquellos saberes que, lejos de estorbar, afinan la sensibilidad. Hay quienes descubren a Dios en un gesto sencillo, y hay quienes necesitan primero ponerle nombre a las cosas para reconocer su sabor. A veces, para saber si algo huele a Evangelio, antes hay que haber olido muchas cosas. Y eso también se enseña. Porque el corazón, cuando se forma bien, no está reñido con la inteligencia; se afinan mutuamente. Recordar Se dice que el Espíritu recuerda lo bello, no lo que hiere. Y ojalá fuera siempre así. Pero a veces el recuerdo llega mezclado, y en él laten tanto la belleza como la ausencia. Hay recuerdos que curan y otros que reclaman. Y está bien: no todo lo que duele es ajeno a Dios. A veces el mis...

Perfeccionismo: un camino hacia la plenitud del Amor

  En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: La perfección es una llamada, una invitación, una forma de amar y no necesariamente una carga. Parafraseando a Juan Ciudad, es el profundo deseo de ‘hacer bien el bien’, es decir, de dar lo mejor de uno mismo, de entregarse sin reservas en cada detalle, en cada gesto, en cada obra. Y si lo pensamos, es el impulso que ha llevado al ser humano a las cumbres del arte, la ciencia, la música, el deporte, la espiritualidad. ¿Acaso la belleza no es perfección? ¿Acaso las grandes obras maestras no son el fruto de un alma que se ha dejado consumir por la pasión de hacer algo excelente? ¿Acaso la música no alcanza su esplendor en la precisión con la que cada nota encuentra su lugar? ¿Acaso la arquitectura no se convierte en un puente entre el cielo y la tierra cuando cada línea, cada medida, cada cálculo es exacto? Es amor en su máxima expresión, por tanto, no necesariamente está relacionado con frialdad ni con obsesión. Es la ple...

Habitar la herida sin dejar de amar

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Hay momentos en los que el alma ha sido herida, y levantar barreras parecería la opción más sencilla. Tomar distancia, argumentar desde la razón, esconder lo vulnerable bajo una apariencia de firmeza. Sin embargo, hay quien, aun herido, escoge un camino distinto. Desea responder desde la fidelidad a Dios, sin negar lo que duele, pero sin dejar que ese dolor determine su forma de amar. Esa elección no protege ni adormece. No grita, pero tampoco silencia lo injusto. No señala con dureza, pero tampoco borra las huellas del daño. Amar desde ahí no es un ejercicio sentimental, es una forma de verdad. Una manera de permanecer sin traicionarse, de decir lo necesario sin aplastar, de ofrecer cuidado sin disfrazar el conflicto. No se trata de fingir calma ni de negar lo que se sufre, sino de dejar que el amor se convierta en raíz y no en respuesta. Solo desde ese lugar profundo, donde Dios permanece, puede sostenerse una fidelidad así. ...