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Acompañamiento espiritual al enfermo

El acompañamiento es un servicio de mediación a la persona que busca el sentido de su vida desde la coherencia interna, la interiorización de significados y las propuestas de futuro. Significa:

Ø Disponerse a entrar en tierra sagrada “descalzos” libres de algunas tendencias más o menos arraigadas como
- las de moralizar sobre lo que el enfermo dice, siente, ha hecho…
- la de responder con frases hechas y consuelos baratos…
- la tendencia a investigar o a llenar la visita de preguntas
- la tendencia a decir al otro lo que tiene que hacer, sentir o pensar
- la tendencia a decir aquello que uno mismo no se cree

Ø “Hacerse cargo” de la experiencia ajena, dar hospedaje en uno mismo al sufrimiento del prójimo, así como disponerse a recorrer el incierto camino espiritual de cada persona, con la confianza de que la compañía sana ayude a superar la soledad, genere comunión y salud en el sentido holístico.

Ø Generar salud, quien acompaña, con una discreta presencia, genera mayor confort físico, mayor estabilidad emocional, una compañía para compartir las preguntas por el sentido, las inquietudes y los malos momentos que conlleva la enfermedad.

Ø Caminar al lado, quien acompaña no dirige, sino que camina al lado, no impone sino que insinúa, no aconseja sino que discierne en común, es hacer un camino con el que sufre, yendo a su ritmo, acompasando las notas musicales del mundo interior.

Ø Simbólicamente “comer el pan juntos”, es sentarse a la mesa emocional y espiritual del enfermo e intercambiar cuanto hay en ella: sentimientos, deseos, preocupaciones, esperanzas…

En este acompañamiento, la oración y, de forma especial, los sacramentos de la Eucaristía, del Perdón y de la Unción constituyen el momento culminante del camino de la fe, del encuentro con Dios en Cristo misericordioso, a través de la mediación humana del acompañante espiritual.


Norka C. Risso Espinoza

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