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Salud de Dios para los hombres (III)


No podemos renunciar al “misterio” que envuelve al sufrimiento, ni a la parcialidad de nuestra comprensión por lo limitado de nuestro saber y conocimiento, pero tampoco podemos renunciar a la oportunidad que nos brinda Dios de hacernos saber como en el caso de Abel, en el del propio Israel, en el de su propio Hijo y en tantos como se han dado y se darán a lo largo de la historia, que el sufrimiento humano está presente en la historia del hombre y a la vez en las manos de Dios que no se despreocupa, sino que escucha el clamor de su pueblo, la voz del indigente, la llamada de sus criaturas.

En la carta apostólica Salvifici doloris, Juan Pablo II expresaba el deseo de que el sufrimiento ayude a “irradiar el amor al hombre, precisamente ese desinteresado don del propio yo a favor de los demás hombres, de los demás hombres que sufren”, y añadía: “el mundo del sufrimiento humano invoca sin pausa otro mundo: el del amor humano; y aquel amor desinteresado, que brota en su corazón y en sus obras, el hombre lo debe de algún modo al sufrimiento” (n. 29).

Partiendo de lo dicho por su predecesor, nos dice Benedicto XVI, en su discurso titulado ‘El beso del leproso hoy’, que dirigió a los participantes en la Conferencia internacional organizada por el Consejo pontificio para la Pastoral de la Salud el 24 de noviembre de 2006, que hace falta una pastoral capaz de sostener a los enfermos que afrontan el sufrimiento, ayudándoles a transformar su condición en un momento de gracia para sí y para los demás, a través de una viva participación en el misterio de Cristo.

Y no olvidemos que nadie está libre del sufrimiento, todos hemos de sufrir, el justo y el que no lo es, posiblemente el justo sufra mucho más[1], abundando en esta idea Tomás de Kempis afirma: Convéncete, no hay hombre alguno sobre la tierra sin tribulación y dolor, aunque sea rey o papa[2].


[1] Juan del CARMELO, Del sufrimiento a la felicidad (DAGOSOLA, SL, Unión Europea 2006)
[2] Tomás de KEMPIS, La imitación de Cristo (BAC, Madrid 1974)


Norka C. Risso Espinoza

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