Ir al contenido principal

La unción de los enfermos

El sacramento de la unción de los enfermos ha sido hasta hace poco tiempo, e incluso aún hoy, administrado casi con temor, quizá porque se le consideraba presagio de un triste suceso. Son necesarios nuevos modelos pastorales creativos y significativos para que todo lo que se ha escrito sobre el sacramento de la curación y de la esperanza se convierta en espíritu y vida en el corazón de los creyentes; un sacramento que vuelva a ser deseado y solicitado con alegría en el momento del dolor, cuando se está enfermo, no moribundo, cuando el encuentro con Cristo puede producir todos sus benéficos efectos de alivio y salud.

El padre Rosario Messina, con 'La unción de los enfermos' nos ha regalado un libro espléndido en su conjunto que consta de seis capítulos:

  1. Misión de Jesús, misión de la Iglesia
    • Jesús y los enfermos
    • El Salvador y el Médico
    • "Predicad el evangelio y curad a los enfermos"
  2. Enfermedad y pecado
    • Un accidente en el camino
    • La ascética medieval
    • La filosofía
    • La liturgia
    • Momentos de reflexión Teológica
  3. Un poco de historia
    • En los primeros siglos del cristianismo
    • Casos normales
    • Casos especiales
    • Después del siglo VIII
    • El Vaticano II
    • Momento de la administración
  4. El texto de Santiago
    • Los efectos de la sagrada unción
    • Los efectos según algunos textos litúrgicos
    • Observaciones
  5. Normativa actual y orientaciones pastorales
    • La unción en el Código de Derecho canónico
    • El ministro de la unción
    • El óleo para la unción
    • Deseos
  6. El viático: sacramento del "tránsito"
    • El sacramento del "tránsito"
    • La prenda de la resurrección
    • La oración por los moribundos

Comentarios

Entradas populares de este blog

Resonancias: Cuando el fruto aún no se ve, pero el Espíritu ya está

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Enseñar Se dice que el Espíritu enseña todo, y es cierto: enseña con silencios, con intuiciones, con ese olfato interior que ayuda a discernir lo que alimenta y lo que no. Pero también se aprende con palabras, con contenidos, con aquellos saberes que, lejos de estorbar, afinan la sensibilidad. Hay quienes descubren a Dios en un gesto sencillo, y hay quienes necesitan primero ponerle nombre a las cosas para reconocer su sabor. A veces, para saber si algo huele a Evangelio, antes hay que haber olido muchas cosas. Y eso también se enseña. Porque el corazón, cuando se forma bien, no está reñido con la inteligencia; se afinan mutuamente. Recordar Se dice que el Espíritu recuerda lo bello, no lo que hiere. Y ojalá fuera siempre así. Pero a veces el recuerdo llega mezclado, y en él laten tanto la belleza como la ausencia. Hay recuerdos que curan y otros que reclaman. Y está bien: no todo lo que duele es ajeno a Dios. A veces el mis...

Perfeccionismo: un camino hacia la plenitud del Amor

  En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: La perfección es una llamada, una invitación, una forma de amar y no necesariamente una carga. Parafraseando a Juan Ciudad, es el profundo deseo de ‘hacer bien el bien’, es decir, de dar lo mejor de uno mismo, de entregarse sin reservas en cada detalle, en cada gesto, en cada obra. Y si lo pensamos, es el impulso que ha llevado al ser humano a las cumbres del arte, la ciencia, la música, el deporte, la espiritualidad. ¿Acaso la belleza no es perfección? ¿Acaso las grandes obras maestras no son el fruto de un alma que se ha dejado consumir por la pasión de hacer algo excelente? ¿Acaso la música no alcanza su esplendor en la precisión con la que cada nota encuentra su lugar? ¿Acaso la arquitectura no se convierte en un puente entre el cielo y la tierra cuando cada línea, cada medida, cada cálculo es exacto? Es amor en su máxima expresión, por tanto, no necesariamente está relacionado con frialdad ni con obsesión. Es la ple...

Habitar la herida sin dejar de amar

En pasbiopal queremos compartir contigo esta reflexión: Hay momentos en los que el alma ha sido herida, y levantar barreras parecería la opción más sencilla. Tomar distancia, argumentar desde la razón, esconder lo vulnerable bajo una apariencia de firmeza. Sin embargo, hay quien, aun herido, escoge un camino distinto. Desea responder desde la fidelidad a Dios, sin negar lo que duele, pero sin dejar que ese dolor determine su forma de amar. Esa elección no protege ni adormece. No grita, pero tampoco silencia lo injusto. No señala con dureza, pero tampoco borra las huellas del daño. Amar desde ahí no es un ejercicio sentimental, es una forma de verdad. Una manera de permanecer sin traicionarse, de decir lo necesario sin aplastar, de ofrecer cuidado sin disfrazar el conflicto. No se trata de fingir calma ni de negar lo que se sufre, sino de dejar que el amor se convierta en raíz y no en respuesta. Solo desde ese lugar profundo, donde Dios permanece, puede sostenerse una fidelidad así. ...