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Domingo XXVIII del T. Ordinario (15-10-17) Huellas en el camino


En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se loa merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales». Palabra del Señor.

*    Reflexión


En nuestro camino nos encontramos con una gran fiesta, y Dios nos invita, nos propone asistir a ella, depende de nosotros que queramos hacer un alto en el camino para poder gozar de la misma en presencia del Señor. En el mapa, en las guías de este tramo del camino, se nos indica que seguir las huellas de Jesús es saber que el vestido con el que debemos asistir a la fiesta es el de la caridad; ya nos diría san Juan de Dios: “Tened siempre caridad, porque donde no hay caridad no hay Dios, aunque Dios en todo lugar está”.

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